Nos parece muy interesante, el informe global de Unicef, recogido por El País, con los datos preocupantes de la malnutrición en el mundo, que a la vez, apuntan algunas soluciones y comentarios que están muy alineados con el trabajo que desarrollamos desde Alimentar El Cambio.

Salvo en África, el número de menores de edad que pasan hambreen el mundo baja, pero el de los que sufren sobrepeso crece en todos los continentes. Un tercio de los niños menores de cinco años en el mundo no está creciendo sano. Casi 200 millones de ellos sufren de desnutrición en alguna de sus formas (crónica o aguda), mientras que 40 millones viven con sobrepeso. El número de menores que comen menos de lo que deben se ha reducido en todos los continentes salvo en el africano, mientras que los que están por encima de los kilos saludables han aumentado en todo el mundo, incluida África.

Los patrones de nutrición se han modificado, los niños cada vez comen más fuera de casa. Hay que fijarse en los colegios. En mi época no había en ellos máquinas de vending, esto es un ejemplo de uno de los cambios, que no siempre es positivo”, apunta Trudy Wijnhoven, especialista de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en nutrición y sistemas alimentarios.

Problemas que se entrelazan

Por un lado, el acceso a productos ultraprocesados se ha multiplicado y se ha puesto al alcance de las personas con menos recursos, que están abandonando su dieta tradicional. La obesidad, afecta especialmente a Europa del este y Asia central, con una tasa de casi un 15%. Aunque si combinamos los datos de sobrepeso y hambre, el sudeste asiático es el peor parado: casi la mitad de sus peques no está desarrollándose como debe por alguno de los dos motivos. En segundo lugar está África oriental y del sur, con una tasa del 42%.

Por otro, los conflictos, las crisis humanitarias y el cambio climático hace que persista el hambre sobre todo en África subsahariana, aunque las cifras no aumentan en el resto de continentes. Unicef trató a más de 3,4 millones de niños con desnutrición severa en 2018, que el hambre infantil se haya reducido en general no se puede calificar de éxito. “Muchos más niños y jóvenes sobreviven, pero eso no quiere decir que prosperen”, resume su informe global.

La región más afectada por el hambre es el sur de Asia, donde el 34,4% de sus menores de cinco años sufre desnutrición crónica. Y si combinamos los datos de sobrepeso y hambre, el sudeste asiático es el peor parado: casi la mitad de sus niños no está desarrollándose como debe por alguno de los dos motivos. En segundo lugar está África oriental y del sur, con una tasa del 42%.

Para luchar contra la expansión de la obesidad, los expertos proponen fijarse en las iniciativas que se han tomado en la lucha contra la adicción al tabaco. La Organización Mundial de la Salud (OMS) promovió en 2003 un tratado contra esta sustancia del que salió la prohibición de publicidad, las normas del empaquetado y medidas sobre la concienciación de los peligros, por ejemplo.

Buenas prácticas de algunos países

Ya hay países que están tomando acciones por su cuenta. “Estamos viendo cómo Gobiernos conservadores, tradicionalmente del lado de la industria, han puesto restricciones. La epidemia de obesidad infantil en el Reino Unido hizo que su Gobierno regulara la venta de determinados productos en los colegios”, cuenta el epidemiólogo experto en salud pública de la Universidad de La Laguna, Antonio Cabrera.

“Otros países, como Holanda, han optado por establecer un diálogo con la industria alimenticia para que voluntariamente comiencen a reducir el nivel de azúcar en sus productos. Hungría realizó una encuesta nacional sobre entorno alimenticio en las escuelas. Descubrieron que los estudiantes no bebían agua porque no se fiaban de la que salía por los grifos, así que trataron de corregirlo y también introdujeron frutas y verduras en las escuelas“, señala la especialista de la FAO.

La importancia de la alimentación

El 42% de los jóvenes consume refrescos a diario y el 46% toma comida rápida al menos una vez a la semana. “En general, creo que en la adolescencia ya es tarde para actuar, porque los hábitos ya están creados. Hay que comenzar a tomar medidas antes”, afirma Wijnhoven. “Sigue habiendo pacientes que debutan con la obesidad en la adolescencia pero se ha sumado otro porcentaje que la arrastra desde la infancia. He llegado a ver obesidad en niños de cuatro años”, resume el epidemiólogo Antonio Cabrera. A principios de siglo, uno de cada 10 niños tenían esta condición a nivel global, ahora son uno de cada cinco.

Desiertos alimenticios

El informe de Unicef habla, además, de “desiertos alimenticios”, una paradoja que se da en muchas ciudades en la que sus habitantes están rodeados de opciones nutricionales, pero altamente calóricas, bajas en nutrientes y básicamente de ultraprocesadas. Donde más fácil comprar una coca-cola que un pedazo de melón o mango. Y una mala alimentación que deja al niño sin minerales y vitaminas necesarias en sus primeros años de vida, puede suponer un retraso en sus funciones motoras e intelectuales. Son 340 millones de menores de cinco años los que sufren de hambre en el planeta.

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